Bizia Min

Irati Moreno Blas

Bizia Min es una instalación multidisciplinar que nace de una preocupación muy concreta: cómo la enfermedad atraviesa el cuerpo y lo transforma más allá de lo médico o lo visible.

Me interesa pensar cómo, en este caso, el cáncer, cambia la forma en la que sentimos el cuerpo, el tiempo y el espacio cuando la fragilidad aparece en la vida cotidiana. En mi caso, esta reflexión surge de una experiencia cercana con la enfermedad en mi entorno familiar, algo que se ha ido construyendo con el tiempo, a través del cuidado, la incertidumbre y los silencios.

El proyecto se sitúa en lo que no siempre se puede decir con palabras, pero sí puede aparecer a través de la materia, la atmósfera y la experiencia espacial.

Bizia Min, Irati Moreno (2026). 

 

La idea principal de Bizia Min es entender la enfermedad como un hecho biológico, pero sobre todo, comprenderla como una experiencia que reorganiza la percepción del cuerpo y del tiempo. Cuando la enfermedad entra en la vida, el cuerpo deja de sentirse estable. Se vuelve algo más frágil, más cambiante, más consciente de su propia vulnerabilidad. El tiempo también se altera: deja de ser lineal y empieza a vivirse de otra forma, con pausas, bloqueos o intensidades distintas.

Me interesa trabajar esa idea de cuerpo como algo poroso, atravesado por lo emocional, lo material y lo que nos rodea. Como algo en constante relación con el entorno. En este sentido, el proyecto dialoga con prácticas de artistas como Ana Mendieta o Chiharu Shiota, donde el cuerpo aparece como presencia, huella o espacio emocional.

Obra pictórica. 

 

Escultura suspendida. 

 

Escultura principal.

 

1 Montaje audiovisual Bizia Min, imágenes y pieza musical_Irati Moreno Blas

 

La instalación

La obra final se presenta como una instalación formada por varias piezas que funcionan juntas: una escultura central, una pieza suspendida, un vídeo, sonido y una obra pictórica.

La escultura es el eje del proyecto. Parte de la idea de un cuerpo fragmentado, como algo en transformación constante. Me interesaba que la pieza transmitiera un estado. Por otro lado, la pieza suspendida introduce otra sensación: la inestabilidad. Algo que flota, que no termina de fijarse, y que genera tensión dentro del espacio. Además, el vídeo, grabado en un entorno hospitalario, introduce una relación directa con lo real, pero sin narración explícita. Funciona más como atmósfera que como relato. El sonido, construido a partir de guitarra clásica, acompaña el recorrido sin imponerse, generando una capa que envuelve la experiencia. La pintura aporta una dimensión más íntima y material, casi como una huella del proceso, donde la materia también habla del cuerpo. Para terminar, el espacio, además, es  parte activa de la obra: la luz, el recorrido y la presencia del espectador modifican lo que ocurre.

Distribución de las obras en la sala de exposición. 

 

Material y proceso

El proyecto ha ido creciendo de forma bastante orgánica, a través de prueba, error y decisiones tomadas en contacto directo con los materiales. He trabajado con escultura en barro, gesso, pintura acrílica y barnices, pero también con materiales reciclados y orgánicos, porque me interesaba que la propia materia tuviera algo de esa fragilidad de la que habla el proyecto. Al mismo tiempo, he combinado lo manual con lo digital, usando herramientas como Procreate para bocetos, y el vídeo y el sonido como partes esenciales del lenguaje de la instalación. El proceso ha cambiado a medida que avanzaba el trabajo, y muchas decisiones han surgido directamente de la práctica.

Materiales de la escultura suspendida.

 

Proceso de creación de la escultura principal. 

 

Dibujando la obra pictórica con pigmentos naturales.

 

Tiempo y cuerpo

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es cómo se entiende el tiempo dentro de la instalación. Frente a un ritmo rápido y constante en el que solemos vivir, aquí propongo un tiempo más lento, más irregular, incluso interrumpido. Este tipo de temporalidad está muy ligada a la experiencia de la enfermedad, donde el tiempo deja de sentirse “normal” y pasa a vivirse de forma más intensa o suspendida. El cuerpo, en ese contexto, es el medio a través del cual se percibe el tiempo.

Bizia Min es una propuesta abierta, donde el sentido se construye a través de la experiencia del espacio, los materiales y la percepción del espectador. Para mí, el proyecto ha sido también una forma de entender mejor cómo el cuerpo, la memoria y el entorno están profundamente conectados.  Ahora me interesa seguir explorando cómo la instalación puede generar experiencias sensibles donde el tiempo y el cuerpo no se separan, sino que se afectan mutuamente.

BIZIA MIN OBRA COMPLETA

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